"No hay que olvidar que el cuerpo se degrada, que los amigos se mueren, que todos te olvidan, que el final es soledad. No hay que olvidar tampoco que esos viejos fueron jóvenes, que el tiempo de una vida es irrisorio, que un día tienes veinte años, y al siguiente ya son ochenta. Colombe cree que uno 'puede darse prisa en olvidar' porque para ella la perspectiva de la vejez está aún tan lejos que es como si nunca fuera a ocurrirle. Yo en cambio hace tiempo que aprendí que la vida se pasa volando, mirando a los adultos a mi alrededor, tan apresurados siempre, tan agobiados porque se les va a cumplir el plazo, tan ávidos del ahora para no pensar en el mañana... Pero si se teme el mañana es porque no se sabe construir el presente, y cuando no se sabe construir el presente, uno se dice a sí mismo que podrá hacerlo mañana y entonces ya está perdido porque el mañana siempre termina por convertirse en hoy, ¿lo entendéis? De modo que sobre todo no hay que olvidarlo. Hay que vivir con la certeza de que envejeceremos y que no será algo bonito, ni bueno, ni alegre. Y decirse que lo que importa es el ahora: construir, ahora, algo, a toda costa, con todas nuestras fuerzas. Tener siempre en mente la residencia de ancianos para superarse cada día, para hacer que cada día sea imperecedero. Escalar paso a paso cada uno su propio Everest y hacerlo de manera que cada paso sea una pizca de eternidad. Para eso sirve el futuro: para construir el presente con verdaderos proyectos de seres vivos"
-¿Algún día llegará mi príncipe?, -le preguntó una noche a la reina abriendo sus maravillosos ojos ámbar llenos de asombro e inocencia.
-Sí, cariño –le contestó la reina-, algún día.
-¿Y será alto, fuerte, valiente, apuesto y encantador?, -le preguntó la princesita.
-Desde luego que sí. Tal y como lo has soñado e incluso más, pues será la luz de tu vida y tu razón de ser, ya que así está escrito.
-¿Y viviremos felices para siempre como en los cuentos de hadas?, -le volvió a preguntar como si estuviera soñando, inclinando la cabeza y apoyando las manos en la mejilla.
La reina, acariciando el pelo de la princesita con suavidad y cariño, le contestó:
-Igual que en los cuentos de hadas. Y ahora a dormir, que ya es hora.
[…]
La princesa que creía en los cuentos de hadas de Marcia Grad
"El amor es pasión, obsesión, no poder vivir sin alguien. ¡Pierde la cabeza!. Encuentra a alguien a quien amar como loca y que te ame de igual manera. ¿Cómo encontrarlo? Pues...olvida el intelecto y escucha al corazón. Porque lo cierto es que vivir sin eso no tiene sentido alguno. Llegar a viejo sin haberse enamorado de verdad... en fin, es como no haber vivido. Tienes que intentarlo, porque si no lo intentas, no habrás vivido".