Descripción: Sueña Que no existen fronteras y amor sin barreras no mires atrás vive con la emoción de volver a sentir, a vivir la paz.
Siembra en tu camino un nuevo destino y el sol brillará donde las almas se unan en luz la bondad y el amor renacerán.
Y el día que encuentres ese sueño cambiarás no habrá nadie que destruya de tu alma la verdad.
Ten fe es muy posible si tú estás decidido Sueña con un mundo distinto donde todos los días el sol brillará donde las almas se unan en luz la bondad y el amor renacerán.
Afuera te espera el frío de la noche. Sales desnuda de frustraciones, volcada en la búsqueda de algo de calidez, necesitada del susurro de una sonrisa, abrigada por la oscuridad latente de una luna que no deja demostrarte su cara oculta. Las estrellas parpadean en lo alto, libres de ataduras. Como tu ánimo. Decides llevarte una en el corazón y su luz se te refleja en los ojos. Esta vez la quieres mantener encendida toda la noche, con un servicio completo. Estás cansada de acompañamientos eventuales: Buscas un damnificado que sacie tu necesidad de sentir que sigues viva. Lo encuentras saliendo de una cafetería, tenuemente alumbrado por el resplandor que emerge de la ventana. Lo sigues. Parece tranquilo y algo triste. Decides adelantarle, dejar que te mire y perfumar el aire que respira, que pueda observar tus estudiados movimientos. Sabes cómo hacer que de el primer paso. Así pensará que será él quien elige. Mejor. Los hombres son muy suyos para cuestiones como esa. Nunca sabrá tus verdaderas razones y que sólo es una estrella invitada para un guión escrito previamente. Porque necesitas compartir tu luz. Ser el candil que alumbre la soledad de un hombre el suficiente tiempo como para que desaparezca la tuya: Mientras haya ese frío casi glacial, mientras él no está, mientras la espera se hace tan larga y te obliga a encontrar calor y compañía en otros. Para que el deseo quede aparcado en su ausencia y alguien beba las moléculas de pasión frustrada que destilas... Porque hay algo extraño que te domina cuando no lo encuentras y necesitas sentir un presente de miradas, exprimir los jugos del amor o de algo que sea lo más parecido posible. Se acerca, te saluda, cruzan unas palabras... Después viene la invitación a tomar algo, las insinuaciones, el juego de la seducción, una caricia furtiva. Le transmites tu aprobación, tu mirada, tu aliento... El ahora. Sin censuras ni cuestiones morales que lo enreden todo. No puedes aceptar el rol que te han señalado. Quizás porque te has trabajado, aceptado y esculpido en uno muy diferente que se delata a menudo, te recorre el cuerpo y te hace sentir viva. Sabes que existe un lugar donde dos desconocidos pueden revelarse y hacer que los corazones se abran al unísono, donde no existen los temores, las máscaras caen, nacen las sonrisas y la libertad se nutre de pasiones encontradas. Caminas a su lado en silencio. Un escalofrío te recorre cuando su mano te roza la espalda y una suave promesa se te dibuja en la piel erizada. Llegan por fin a casa: Cuando abres la puerta el abrazo se vuelve urgencia, la ansiedad de él se precipita sobre tus labios y sientes como por tus muslos surgen gotas de eterna inocencia que se esparcen como un día de lluvia por todos los poros de tu cuerpo. Y lo agradecen tus sentidos, infinitamente abiertos, lúcidos, conscientes de que la vida no es para pasarla esperando sentada en el banquillo, mientras van dejando un reguero de ropas tiradas de cualquier manera en el suelo camino del dormitorio, tropezando, riendo, componiendo una melodía de deleites, caricias y gemidos. Impregnando el aire de esencias íntimas y pasiones nocturnas... :)D9
No siempre hay oportunidades para hacerlo, pero siempre me ha gustado adquirir libros viejos. Sus páginas amarillentas y el olor especial que desprenden convierten su lectura en algo único, independientemente del tema que traten. Teniendo un ejemplar añejo en las manos me resulta imposible abstenerme de reflexionar sobre su historia: Quiénes lo habrán poseído antes que yo, y las razones que les movieron a desprenderse de él... Si extraña el lugar donde habría sido ubicado en su primera biblioteca, y si habré podido acertar en el que le he destinado en la mía... Recuerdo en especial uno que llegó hasta mí en bastante mal estado, la portada rota e incluso con algunas páginas sueltas. Lo adquirí en una de esas Librerías de Viejo, verdaderos Templos de Amor a la Literatura que espero nunca desaparezcan del todo en la sociedad de la modernidad que se nos impone. Resulta curioso que lo que me impulsó a comprarlo no fue su contenido –era Hacía tiempo que le estaba dando vueltas a la idea, pero por fin la puso en práctica. Estaba harto de su vida de humano, así que decidió convertirse en una planta, alimentarse del aire, el sol, el agua y los nutrientes que encontrase en el suelo: Buscó un lugar tranquilo, hizo un gran agujero y se enterró hasta por encima de las rodillas. La poca gente que pasaba por allí lo miraba asombrada, algunos se mofaban, otros se preguntaban si pertenecía a alguna organización ecologista radical, sin entender qué clase de protesta realizaba. En los primeros días la familia intentó hacerle cambiar de opinión, pero al comprobar que no era posible y para escapar de los medios de comunicación que se volcaron con la noticia, se fueron alejando todos poco a poco, evitando que se les relacionara con aquella locura. Al cabo de un tiempo su caso dejó de ser novedad, su mujer terminó pidiendo el divorcio pasados unos meses y la mayoría pasó a considerar el asunto como una especie de leyenda urbana, o una bien orquestada campaña publicitaria que terminó en el olvido. Alejado del mundanal ruido, la transformación que ansiaba se fue haciendo realidad: Comprobó con alegría como los brazos se convertían en ramas, y las piernas en raíces. Creció deprisa, y hubo un momento emocionante cuando los primeros pájaros decidieron convertirlo en su hogar. Se sentía feliz haciendo realidad aquél sueño. Acabó transmutándose en un hermoso ejemplar de árbol, y alrededor se fueron plantando todo tipo de plantas, que convirtieron el terreno baldío del principio en un parque por el que correteaban los niños, paseaban su reposo las personas mayores, y repartían caricias furtivas las parejas de jóvenes. Entre toda aquella gente también estaba su primitiva familia, a los que vio evolucionar lentamente: Los niños se fueron haciendo mayores, se casaron, tuvieron hijos, vivieron alegrías y desgracias... Pero también envejecieron. Era algo que no había previsto: Los árboles viven mucho tiempo. Mucho más que cualquier humano. Indefectiblemente tuvo que presenciar como iban desapareciendo uno a uno los seres queridos y una inmensa pena se apoderó de su corazón de madera. Los últimos años de vida se hicieron muy largos y tristes, pues ya no le quedaba nadie conocido que le ayudase a sobrellevar los recuerdos. Pero su agonía se interrumpió de improviso. No le permitieron morir de viejo: Una pala mecánica lo arranc&oac