En el estudio se encontró que el autocontrol emocional, como por ejemplo al mitigar emociones negativas o inhibir los pensamientos no deseados, es un proceso que exige bastantes recursos mentales, y que en los adultos jóvenes entorpece su habilidad para realizar simultáneamente o poco después una tarea que requiera de concentración mental.
Este trabajo está entre los primeros en demostrar que los costos de la regulación de las emociones varían según la edad.
El estudio, en el que fueron examinados 72 sujetos de entre 20 y 30 años de edad, y 72 de entre 60 y 75 años, fue llevado a cabo por Fredda Blanchard-Fields, directora de la Escuela de Psicología del Instituto Tecnológico de Georgia, autora principal, y por su colaboradora Susanne Scheibe, actualmente en la Universidad de Stanford.
En los experimentos se pasó un video de contenido neutral y otro que despertaba la sensación de asco, y se pidió a los participantes de algunos grupos que se esforzasen por borrar de su ánimo la mala impresión causada por el video de contenido desagradable. Paralelamente, tuvieron que realizar una tarea de memorización de números, en la cual aparecían de uno en uno en la pantalla de un ordenador números entre cero y nueve, y cada participante tenía que determinar si ese número era igual al que había aparecido en la pantalla dos imágenes atrás.
Se comprobó que en los adultos jóvenes, el esfuerzo de liberarse de la sensación de asco empeoró sus resultados en la tarea de memorización, en tanto que las personas de la tercera edad no tuvieron ese descenso de eficacia.
Las emociones negativas pueden ser perniciosas y alterar el adecuado equilibrio emocional en la vida de una persona, de modo que la capacidad de las personas de la tercera edad para regular las emociones negativas les sirve para reforzar su calidad de vida. Los sujetos de edad avanzada pero en buen estado de salud mental son tan eficientes para manejar sus emociones que el esfuerzo que necesitan hacer es menor que el realizado por los adultos jóvenes y esto les permite una mayor capacidad de concentración para las tareas intelectuales como por ejemplo la de memorizar.
Conviene matizar, sin embargo, que a los participantes en este estudio se les puso a prueba en su capacidad de realizar una tarea de memorización después de mirar un vídeo que indujo el asco, pero hay que efectuar investigaciones adicionales para determinar si los resultados presentes se aplican a todos los tipos de tareas cognoscitivas o a todos los tipos de emociones negativas. Por ejemplo, la tristeza es una emoción que es muy relevante en la vejez y por consiguiente quizá a las personas mayores podría resultarles más difícil de controlar que el asco.
Pero, ¿cómo se mide? Un estudio publicado en 'American Journal of Preventive Medicine' sugiere que el ritmo ideal es de 3.000 pasos en media hora (100 pasos por minuto). Para cuantificar la intensidad de la actividad física los especialistas emplean una unidad llamada MET (equivalente metabólico), que se corresponde con la energía que gasta por hora una persona que está en reposo y equivale aproximadamente a una caloría por kilo de peso. En función del consumo calórico, el ejercicio se clasifica en leve (de uno a tres METs), moderado (de tres a seis) y fuerte (por encima de seis).
El problema es que "hay pocas herramientas válidas disponibles para el público que midan el grado de intensidad de ejercicio", explican lo autores. "Muchos individuos tienen dificultades para medir el vigor con el que entrenan cuando leen o escuchan una descripción de cómo deberían sentirse en cada caso. Esto supone un reto porque los beneficios para la salud dependen de la intensidad de la actividad", añaden.
En busca de una forma sencilla de calcular el ritmo adecuado de entrenamiento, este grupo de investigadores probó la utilidad del podómetro, un aparato que mide el número de pasos. Seleccionaron a 97 adultos de origen latino (39 hombres y 58 mujeres) y los pusieron a caminar sobre una cinta mientras monitorizaban su respiración y su frecuencia cardiaca para estimar los METs que consumían.
Para un ejercicio de 3 METs, los hombres debían llevar una cadencia de 102 pasos por minuto y las mujeres de 106, aunque con importantes diferencias entre unos individuos y otros. De hecho, "el principal hallazgo de este trabajo -subrayan sus autores- es que existe un considerable margen de error al utilizar el podómetro para medir los METs al caminar en la cinta".
"No obstante, los autores creen que sus hallazgos apoyan las recomendaciones de caminar al menos 3.000 pasos en media hora cinco días a la semana", concluye el trabajo. Este ejercicio se puede distribuir también en tres sesiones diarias de 10 minutos y 1.000 pasos cada una.
"El uso de una guía simple basada en el uso del podómetro, que es fácil de recordar y medir, podría ser más eficaz a la hora de que el médico se lo transmita al paciente", ha explicado Simon J. Marshall, de la Escuela de Ciencias de la Nutrición y el Ejercicio de la Universidad Estatal de San Diego, autor del trabajo.
Estos resultados, que están en la misma línea que anteriores, son una simple recomendación, y no un criterio preciso, para ayudar a las personas a llevar un estilo de vida activo y sano. ozono21.com ozono21 videos salud
Aprobado por el Instituto Tecnológico Agroalimentario, este producto podría utilizarse en dietas de adelgazamiento
Fuente: consumer (Fecha de publicación: 7 de abril de 2009)
Una firma española ha desarrollado un chocolate que quita el apetito al instante, lo que puede ser de gran ayuda en personas que siguen una dieta de adelgazamiento.Este chocolate se presenta en forma de bombones de color verde, ya que contienen un alga que es la responsable de la novedosa fórmula.
En la composición de este chocolate se ha utilizado una mezcla de cacao, jojoba y espirulina, alga que produce de manera natural una sensación de saciedad después de consumir uno o dos bombones de 15 gramos cada uno. Así, la ingesta de dos bombones de chocolate una hora antes de las dos principales comidas del día ayudaría a reducir el apetito. No obstante, este no es un remedio único para la obesidad, sino "que se deben incorporar hábitos saludables en la dieta diaria", aclaró DIS Natural, la compañía que ha elaborado el producto.
CKK
Aprobados por el Instituto Tecnológico Agroalimentario de España, estos bombones contienen una combinación bioquímica que incentiva la producción de fenilalanina, un aminoácido presente en el cerebro que activa neurotransmisores como la colecistocinina (CKK, por sus siglas en inglés). La CKK, una hormona gastrointestinal, estimula la segregación de encimas y envía mensajes al cerebro y al aparato digestivo para avisar de que el cuerpo ya está saciado, cortando de esta manera el apetito, explicaron desde la empresa.
El nuevo chocolate resulta tan "sabroso como cualquier bombón, con la diferencia de que ayuda al organismo a saber cuándo detenerse", aseguró el profesor de Química de la Universidad de Alicante y uno de los creadores del nuevo producto, Armando Yáñez.
FUENTE |Diario de Noticias (Portugal) (20/02/2009)
Las camisetas, de tecnología 100% portuguesa, fueron inventadas por João Paulo Cunha, investigador de la Universidad de Aveiro y son producidas por Petratex (empresa altamente innovadora y conocida por haber desarrollado los trajes de baño LZR Racer, utilizados por Michael Phelps y otros nadadores en Pequín 2008). Las camisetas Vital Jacket no tienen costuras y tienen incorporada una placa de hardware que registra los datos del electrocardiograma, que pueden ser analizados en tiempo real o almacenados para su estudio posterior.
Según Luís Meireles, administrador de Biodevices, la certificación médica será concedida próximamente, por lo que se podrá adquirir la camiseta también en hospitales. Con la certificación concedida, nuevos modelos con nuevas funcionalidades se crearán hasta finales de año, siendo la medición de la frecuencia respiratoria y de los niveles de saturación de oxígeno algunas de las nuevas funcionalidades ya programadas.
Actualmente se están produciendo ya los últimos modelos con GPS integrado, para los amantes del deporte al aire libre.
La Vital Jacket está ya presente en España y Reino Unido y la empresa espera profundar contactos en Holanda, Rusia, Alemania, Francia e Italia.
No obstante, el envejecimiento puede perjudicar esta maquinaria, lo que favorece la aparición de trastornos como el hígado graso o la diabetes.
Investigadores de la Facultad de Medicina Albert Einstein de la Universidad de Yeshiva (Nueva York, EE.UU.) han visto por primera vez -tanto 'in vitro' como 'in vivo'- cuáles son los agentes del cuerpo implicados en este proceso de destruir la grasa. Su descubrimiento se publica en la revista 'Nature'. Todas las células necesitan energía, que toman de los nutrientes. No obstante, como medida de precaución, las células también acumulan grasa en su interior en forma de depósitos para utilizarla en caso de que les falten nutrientes. Según explica a elmundo.es Ana María Cuervo, del Departamento de Biología Molecular de la Universidad y una de las autoras de la investigación, "si la cantidad de grasa que un individuo ingiere a través de la dieta es muy alta, las células acumularían mucha más y esto podría interferir en sus funciones".
Sin embargo, "hemos visto que las células son capaces de evitar esto. Para no acumular demasiada grasa, la movilizan constantemente para transformarla en energía. Una tarea en la que intervienen los lisosomas, que siempre se había creído que eran como contenedores de basura que limpiaban sólo las cosas malas que hay en el interior de la célula; pero que para nuestra sorpresa resulta que también tienen una función muy importante a la hora de reciclar los depósitos de grasa", indica la especialista de Yeshiva.
El proceso, denominado autofagia -literalmente 'comerse a uno mismo'-, consiste en que los lisosomas reciben parte de la grasa acumulada en forma de triglicéridos y la convierte en ácidos grasos que la mitocondria puede usar para producir energía. Ana María Cuervo lo ilustra de la siguiente manera: "Es como el juego del 'comecocos', en el que los lisosomas serían el muñeco que va por la célula comiéndose las bolsas de grasa".
LAS CONSECUENCIAS DE LA EDAD
Uno de los aspectos que destacan los investigadores es que esta labor de los lisosomas disminuye a medida que la persona va cumpliendo años. "A medida que envejecemos, la actividad de estos 'basureros' del cuerpo se reduce, lo que significa que la cantidad de grasa acumulada en las células aumentará y que no se puede obtener energía de ellas tan fácilmente", reconoce la investigadora.
Las consecuencias de este exceso de grasa intracelular son negativas. Puede dar lugar a desarrollar hígado graso, una enfermedad crónica que muchas veces termina en cirrosis, a padecer diabetes, ya que la acumulación de grasa hace a las células resistentes a la insulina e, incluso, a problemas en el cerebro, ya que las células de este órgano también tendrían más grasa de lo aconsejable y no funcionarían como antes.
Tal y como han comprobado los autores de este trabajo, "una vez que se acumula grasa por encima de un nivel, se inhibe la actividad de los lisosomas, por lo que se crea un círculo vicioso: más grasa, menos lisosomas, y de nuevo más grasa". Por eso, el siguiente paso de la investigación consistirá en ver si desarrollando terapias capaces de mejorar el proceso de autofagia se pueden prevenir enfermedades como las citadas anteriormente.
El grupo de Yeshiva ya ha comprobado en ratones viejos que se puede aumentar la autofagia mediante un modelo genético. Sin embargo, como la manipulación genética no se puede aplicar a toda la población a medida que envejece "tenemos que buscar compuestos químicos que hagan la misma labor", concluye Cuervo.
En cuanto a si esta herramienta también podría reducir la obesidad, la autora explica que "indirectamente sí". "La obesidad (o lo que vemos por fuera) está relacionada más con depósitos de grasa en los adipocitos (el tejido adiposo, los típicos 'michelines') y ahí la autofagia es distinta, pero lo que sí que es importante es que el proceso que nosotros hemos visto podría controlar las consecuencias de la obesidad, como las enfermedades cardiovasculares".
Para la científica "existe una relación en la acumulación de grasa en las células y la obesidad, porque por ejemplo si las células del hígado se llenan de grasa no pueden metabolizar bien lo que se toma en la dieta y esto empieza a acumularse en el tejido adiposo".