Prefiero que compartas conmigo unos pocos minutos ahora que estoy vivo y no una noche entera cuando muera.
Prefiero que estreches suavemente mi mano ahora que estoy vivo, y no que apoyes tu cuerpo sobre mi cuando muera.
Prefiero que hagas una sola llamada Ahora que estoy vivo y no que emprendas un inesperado viaje cuando muera.
Prefiero que me regales una sola flor ahora que estoy vivo y no me envíes un hermoso ramo cuando muera.
Prefiero que elevemos al cielo una oración ahora que estoy vivo y no una misa cantada cuando muera.
Prefiero que me digas unas palabras de aliento ahora que estoy vivo y no un desgarrador poema cuando muera.
Prefiero escuchar un solo acorde de guitarra ahora que estoy vivo, y no una conmovedora serenata cuando muera.
Prefiero disfrutar de los más mínimos detalles ahora que estoy vivo y no de grandes manifestaciones cuando muera.
Aprende a gozar, el dar en vez del recibir, así nunca desesperaras, en el esperar. Si das lo que tienes en tu corazón, nunca lo tendrás cargado esperando la oportunidad para darlo, porque por norma las oportunidades nunca las ves, en ocasiones las alcanzas a ver sólo cuando ya pasaron.
Aprovechemos a nuestros seres queridos, ahora que están entre nosotros.
Me encontraba haciendo el amor con una mujer bellísima, realmente bella. No podía haber encontrado feminidad más exquisita, pues su respuesta al acto de amor era intensa, encendía mi naturaleza de hombre. Tocarla, sentir sus besos, hinchaba mi corazón de alegría al tiempo que mi cuerpo estallaba de placer.
En verdad, esta mujer era hermosa, muy hermosa. Ella tenia una cicatriz de 50 cm, precisamente donde antes hubo un voluptuoso busto. Su espalda y su pecho presentaban profundas quemaduras negras, imposibles de ignorar en su bella piel; su cutis lucía pálido, seco, cansado, no tenía cabello ni cejas. Esa mujer era mi esposa, llevaba 2 años con cáncer de mama y había estado sometida a intensas sesiones de quimioterapia, le habían hecho perder el cabello y secado la piel
Las radiaciones que recibió le habían quemado su de por sí maltrecho cuerpo, y tuvieron que mutilarle la parte izquierda de su busto, en un desesperado esfuerzo por evitar la metástasis.
Para cualquier hombre, esa mujer era un monstruo, pero para mí, era la mujer más hermosa que podía ver mis ojos y sentir mi cuerpo.
Yo la amaba, de verdad, la amaba mucho. La conocí en las fiestas patronales de su pueblo y ella era la reina de esas festividades.
En verdad era muy bella y así se mantuvo toda la vida. Se cuidaba mucho para mí, siempre quería agradarme, era coqueta y me seducía, su feminidad era insoportable. Nuestras bodas de plata las celebramos en casa. Compre una botella de champaña, saque el par de copas de nuestra boda, le regale un ramo de rosas rojas y bailamos, como pudimos, con la música de Leo Dan. Levante mis brazos a esta hermosa mujer, la deposite en nuestra cama, tiernamente la desnude, nos besamos apasionadamente, entramos en calor, se encendieron los ánimos y alcanzamos un explosivo orgasmo. Agotados y desnudos logramos conciliar un profundo sueño lleno de paz y amor. Mi esposa no despertó nunca... esa noche murió...
Solo recuerda que hacer el amor... es eso, amor y no solo sexo con alguien bonito... enamorarse es poseer algo que esta fuera del alcance de la edad y del tiempo...
reflexiona un poco sobre todo lo que te rodea... especialmente a quienes amas...
Cuando amas profundamente una flor, también amas su marchitamiento.
Cuando amas profundamente, también amas aun en la vejez, y algún día asimismo amaras después de su muerte.
Porque eres mucho más que la belleza y mucho más que un cuerpo con una llamarda de gozo entre los flancos. Porque eres más que un vientre para el hijo y mucho más que la ilusión de un hombre que preñe tus silencios y marque con su aliento tu camino.
Porque eres la mujer, el equilibrio, la sensatez, la calma, la cordura. Porque en tus manos guardas bendiciones, ay pazh en tus palabras y estás hecha de aromas y ternura, rompe ya tus espejos, renuncia a ser fetiche y al metro con que miden tu figura y amamanta la historia con tus pechos de harina recobrando tu luz y tu estatura.
¡ Vuelve a ser la mujer! Vuelve a ser ese fuego donde arden el amor y la decencia, vuelve a ser tierra firme generosa y fecunda, vuelve a ser aire puro que agite alas y brazos, vuelve a ser agua limpia sin marcas ni amargura.
¡Vuleve a ser la mujer! Ya no escuches más cantos de sirenas, recupera tu esencia, tu destino, te lo supilica un mundo que agoniza, te lo reclama el hombre con su voz de martillo, antes de que se muera la esperanza, antes de que ya todo esté perdido
Yo la amé, y era de otro que también la quería. Perdónala, Señor, porque la culpa es mía. Después de haber besado sus cabellos de trigo, nada importa la culpa, pues no importa el castigo.
Fue un pecado quererla, Señor, y, sin embargo, mis labios están dulces por ese amor amargo.
Ella fue como un agua callada que corría... Si es culpa tener sed, toda la culpa es mía.
Perdónala, Señor, Tú que le diste a ella su frescura de lluvia y su esplendor de estrella.
Su alma era transparente como un vaso vacío. Yo la llené de amor. Todo el pecado es mío.
Pero ¿cómo no amarla, si Tú hiciste que fuera turbadora y fragante como la primavera?..
¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío sobre la yerba seca y ávida del estío?.
Traté de rechazarla, Señor, inútilmente, como un surco que intenta rechazar la simiente.
Era de otro. Era de otro que no la merecía, y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.
Era de otro, Señor. Pero hay cosas sin dueño: las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño.
Y ella me dio su amor como se da una rosa, como quien lo da todo, dando tan poca cosa...
Una embriaguez extraña nos venció poco a poco. ¡Ella no fue culpable, Señor..., ni yo tampoco!.
La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella, y me diste los ojos para mirarla a ella.
Toda la culpa es tuya, pues me hiciste cobarde para matar un sueño porque llegaba tarde.
Sí. Nuestra culpa es tuya, si es una culpa amar y si es culpable un río cuando corre hacia el mar.
Es tan bella, Señor, y tan suave, y tan clara, que sería un pecado mayor si no la amara.
Y por eso perdóname, Señor, porque es tan bella, que Tú, que hiciste el agua, y la flor, y la estrella;
Tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre, ¡Tú también la amarías si pudieras ser hombre.