Descripción: Una mujer como todas... Abuela, chilena, casada hace 40 años, dinámica, alegre, feliz, enamorada, amistosa, amante de mi hogar y de mi familia, orgullosa de mi núcleo familiar, cristiana, católica.- Además De Colores, plena de Dios.
Todo el que haya caminado junto a Jesús en algún momento de su vida, se dará cuenta de existen momentos de pruebas, dificultades y tentaciones donde uno no sabe en realidad que hace siguiendo a Jesús mientras uno carga tantas cosas malas, indiferencia y pecado.
Lo cierto es que Dios ya de antemano conoce nuestras debilidades y las pruebas que va a permitir, más sin embargo, se acerca a nosotros una y otras vez solo para que nos acerquemos a su Gracia.No tengas miedo de caer, no tengas miedo de fallar, de cansarte. Haz lo posible para que no te pase, pero si llega a pasarte no te quedes en el suelo llorando tu desgracia. Puedes estar lamentando tu falla, o levantarte de la mano de Dios y obtener más sabiduría, más experiencia, más madurez.
Siempre recuerda que Dios no busca a los capaces. El capacita a los elegidos. Camina diariamente sabiendo que el amor de Dios es tan grande que no lo puedes más que aceptar sin esperar comprenderlo. Así que no dejes que un error o un pecado permitan que te alejes de la gracia de tu Padre que te ama.
"No podemos depender de nadie que haga el cambio por nosotros. A creer en uno mismo y en el propio poder se llega, por definición, desde dentro.Cuando nos comprometemos a cambiar, somos los héroes de nuestro propio viaje espiritual y, como muchos grandes héroes mitológicos, debemos acabar con los demonios de la ilusión... con la espada del conocimiento y el escudo del valor."
Aquella tarde a Gabriela -uno de los pequeños personajes de una novela de Gerard Bessiere- le preguntó su amigo Jacinto: - ¿Qué has hecho hoy en la escuela? - He hecho un milagro, respondió la niña. - ¿Un milagro? ¿Cómo? - Fue en el catecismo. - ¿Y cómo hiciste el milagro? - Tenemos como profesora a una señorita que está muy enferma. No puede hacer nada ella sola, sólo hablar y reír. - ¿Y qué pasó? - La señorita hablaba de los milagros de Jesús. Y los niños dijeron: No es verdad que haya milagros. Porque si los hubiera, Dios te hubiera curado a ti. - Y ella, ¿qué dijo? - Dijo: Sí, Dios hace también milagros para mi. Y los niños dijeron: ¿Qué milagro ha hecho? - ¿Y entonces? - Entonces ella dijo: Mi milagro sois vosotros. ¿Por qué?, le preguntamos. Y ella dijo: Porque me lleváis los miércoles a pasear, empujando mi carrito de ruedas. ¿Lo ves? Hacemos milagros todos los miércoles por la tarde. La señorita dijo también que habría muchos más milagros si la gente quisiera hacerlos. - ¿Te gusta a ti hacer milagros? - Si. Tengo ganas de hacer un montón. Primero pequeños. Cuando sea mayor voy a hacer milagros grandes. - ¿Todos los miércoles? - Quiero hacerlos todos los días, toda la vida. - ¿No te parece que la vida es también un milagro? - No -dijo Gabriela-. La vida es para hacer milagros.
Gabriela tiene razón, la vida es para hacer milagros, los miércoles, y los jueves, y los domingos. La vida no es para sentarse esperando que Dios haga milagros espectaculares, no es para limitarse a confiar en que Él resuelva nuestros problemas, sino para empezar a hacer ese milagro pequeñito que Él puso ya en, nuestras manos, el milagro de querernos y ayudarnos. ¿Es que será más milagroso devolverle la vista a un ciego que la felicidad a un amargado? ¿Más prodigioso multiplicar los panes que repartirlos bien? ¿Más asombroso cambiar el agua en vino que el egoísmo en fraternidad? Si los hombres dedicásemos a construir milagros pequeñitos la mitad del tiempo que invertimos en soñarlos espectaculares, seguramente el mundo marcharía ya mucho mejor. Y el milagro de amar pueden hacerlo todos, niños y grandes, pobres y ricos, sanos y enfermos. Fijaos bien, a un hombre pueden privarle de todo menos de una cosa: de su capacidad de amar. Un hombre puede sufrir un accidente y no poder volver ya nunca a andar.Pero no hay accidente alguno que nos impida amar. Un enfermo mantiene entera su capacidad de amar: puede amar el paralítico, el moribundo, el condenado a muerte. Amar es una capacidad inseparable del alma humana, algo que conserva siempre incluso el más miserable de los hombres. Sólo en el infierno no se podrá amar. Porque el infierno es literalmente eso: no amar, no tener nada que compartir, no tener la posibilidad de sentarse junto a nadie para decirle ¡ánimo! Pero mientras vivimos no hay cadena que maniate al corazón, salvo claro está la del propio egoísmo, que es como un anticipo del infierno. «Los verdaderos criminales -decía Follerau- son los que se pasan la vida diciendo yo y siempre yo.» En cambio, allí donde se ama se ha empezado a construir ya el cielo a golpe de milagros. En definitiva, los milagros, para Jesús, eran ante todo «los signos del reino», ¿y qué mejor signo de un reino de amor total que empezar queriéndose aquí con amores pequeñitos como el de Gabriela y sus compañeras de escuela? José Luis Martín Descalzo - Razones para el amor
Servir es sembrar...sembrar semillas buenas. Servir es atender a cualquiera que nos llame, no a quienes, a su vez, puedan alguna vez servirnos a nosotros.
Servir es sembrar siempre... siempre... sin descanso, aunque solo sean otros los que recojan y saboreen las cosechas.
Servir es mucho más que dar con las manos algo que tienes... es dar con el alma lo que tal vez... nunca nos fue concedido.
Servir es distribuir afecto, bondad, cordialidad, apoyo moral, amor por sí mismo y a veces, ayuda material.
Servir es repartir alegría, es infundir fe, estima, admiración, respeto, gratitud, sinceridad, honestidad, libertad, optimismo, confianza y esperanza.
Servir es... en verdad, dar más de lo que recibimos en la vida y de la vida..
Una niña sufría por las riñas y conflictos diarios de sus padres. Un día acompañó a su madre al cementerio y quedó sorprendida. “Mamá, le dijo, todas las tumbas está llenas de flores, y en todas se lee lo mismo: ‘A mi querido esposo’, ‘A mis queridos padres’... ¿Es que tenemos que morir para empezar a amarnos.
El amor hay que demostrarlo en la vida, no esperar a que la muerte arrebate todas las oportunidades.
Amar lleva consigo entregarse, dar la vida. El amor que no se da, se pudre. Amar no es dar cosas, es entregarse uno mismo. El que ama no debe poner los pies en la luna y los ojos en las estrellas, sino mirar bien abajo y pisar con firmeza la realidad diaria.
Muchos se sienten emocionados al escuchar una bonita historia de amor. Se confunde con demasiada frecuencia el amor con el sentimiento. “A lo largo del camino que lleva al amor, muchos se detienen seducidos por los espejismos del amor: Si te emocionas hasta las lágrimas ante un sufrimiento, si sientes palpitar fuertemente tu corazón ante tal o cual persona, no es amor, sino sensibilidad. Si te dejas prender en su poder apacible o en su encanto; si, seducido, te abandonas, no es amor, sino una rendición. Si, turbado, te extasías ante su belleza y la contemplas para gozar de ella; si su espíritu te parece distinguido y buscas el placer de su conversación, no es amor, sino admiración. Si quieres a toda costa conseguir una mirada, una caricia, un beso; si estás dispuesto a todo por tenerla entre tus brazos y poseer su cuerpo, no es amor, es un deseo violento nacido de tu sensualidad. Amar no es sentir emoción por otro, sentir afecto sensible por otro, abandonarse a otro, admirar a otro, desear a otro, querer poseer a otro y a los otros” (Michel Quoist).
No se puede jugar con el amor ni se puede confundir con un momento de deseo o de pasión. Sólo el amor maduro va más allá de los arrebatos, no teniendo nada que ocultar y respondiendo a todos los interrogantes. “No envenenes mi amor; amar es otra cosa... No profanes la rosa si no sabes de olor... Otra cosa es amor, mucho, mucho mejor... No deshojes la flor si te amas a ti misma; amor, que es egoísmo, no puede ser amor... Otra cosa es el amor... Claridad, ilusión, risa, confianza en ti; ver que tu corazón es sólo para mí... Saber que el sol, las flores, la vida es de los dos y que nuestros amores se confunden con Dios” (Santiago Martínez). El amor pone vida en todo. Para el que ama, todo sabe a vida.